miércoles, 17 de noviembre de 2021

 https://www.laclavecuenca.com/2021/11/11/alli-vienen/


"Allí vienen"

Bailan los ríos y las montañas

Se levanta el polvo en los pies que vienen desde lejos

Con sus huellas van sembrando paz

Y sus lenguas van labrando caminos

Hermanos y hermanas de la tierra que saben

tejer la palabra

Ellos y ellas le enseñan a los que no saben

Le recuerdan a los gobiernos las semillas

que crecen en sus manos para que nadie olvide

el fruto que germina en los valles y la pampa

Sus vientres van pariendo la vida

Sin armas llevan en sus cuerpos la sabiduría

de miles de guerras que han ganado sus ancestros

En sus trenzas está la libertad de sus espíritus nativos

y en el agua la fuerza que fluye la dulzura de la miel

No escuchan a los que gritan para silenciarlos

porque el gemir de los bosques ensordece la necedad

de los gobiernos que no saben de abrazos sin armas

Juntos y juntas se dan la mano y con sus ojos firmes

esperan cada amanecer para andar por el mundo

Las mujeres no se rinden, su danza voraz

acoge a los que temen el anochecer

Los hombres protestan apretando en sus puños

las injusticias que quieren encarcelarlos

Los jóvenes son la complicidad de miles de corazones

que vuelan atrevidos tocando sus guitarras

Los niños y niñas no se cansan y en la fuerza de sus

rodillas se pinta la ilusión del mañana

Allí vienen, con sus himnos defienden a nuestra Madre Tierra

Traen en sus brazos la hermandad de los pueblos

En sus rostros se refleja el gozo que brota desde las entrañas

Sus fuertes espaldas cargan la sangre de inocentes que baña la historia

Ellos y ellas huelen a café, brillan en las praderas

Allí están, callando los tristes recuerdos y con fervor

añoran volver a casa victoriosos

donde la guerra sea solo un canto para entonar





viernes, 12 de noviembre de 2021

 

El vicio permitido


El vaho me mira y me cierra un ojo

me cuenta que vive encerrado en la

música de un cristal, le sirvo

una copa de vino y

bebemos con las ansias

de no volver a llorar


Suelta una risa, de esas

donde sus ojos amans sin límites,

a mar abierto,

a un mundo sin palabras


Su sombra fugitiva me abraza 

y me roza con ternura

Es un blues que sin vergüenza alguna

gime cayendo sobre el cristal y

hace figuras sobre la neblina que

respira inmóvil en mi interior


Una copa más y mis manos

tocan el frío vidrio que sin agonizar,

deja caer gotas sobre mi alma en la

 inmensidad






viernes, 5 de noviembre de 2021

 

Nubarrones de palabras


Escribir: a pesar de la decencia, de las normas,
de la rectitud que nos dicen como ser,
dar un paso sin despegar el otro pie del suelo
y continuar sin cobardía, sin temor a la hoja en blanco
que me mira, que me habla, que se resiste a mis ideas.

Componer: hasta morir de sed, al borde de una orilla,
donde las victorias no hacen tregua con las derrotas,
y aferrarme, aferrarme a las letras,
a las que suspiran inmóviles la pasión triturada entre mis dedos.

Redactar: al lado de aquella vieja lámpara que no sabe leer ni alumbrar
y de noche como un dios antiguo me mira compasiva,
sin conocimiento ni perdón, pero desde sus entrañas se emociona
al sonido de las teclas y con su cuerpo inmortal se sienta a mi lado,
en silencio, en calma, en juego.

Y aquí, me invaden las palabras piadosas
como una diosa fértil, con rostro, con alma, con fuego.

 

 

 


 Artículo publicado en "El Comején": 

https://elcomejen.com/2021/10/28/mi-voto-por-un-pedazo-de-pan/

Mi voto por un pedazo de pan

Cuando era más joven esperaba con ansias cumplir 18 años porque dentro de las cosas que podría realizar al ser mayor de edad era votar; aunque cuando los cumplí no hubo elecciones presidenciales y debí esperar dos años más para poder ejercer mi derecho al voto.

En febrero de 1998 Costa Rica vivía un ambiente electoral muy intenso, y yo sinceramente era una jovencita que había crecido en un ambiente religioso, conservador y fundamentalista, por lo que desconocía muchos temas de política.

Los partidos con mayor fuerza eran La Unidad Social Cristiana y Liberación Nacional, ambos creados con principios socialistas de centroizquierda y centroderecha.

Salía uno a las calles y las banderas verde y blanco junto a las azules y rojo adornaban la mayoría de las casas de los y las costarricenses.

Recuerdo que uno le preguntaba a la gente: ¿Por quién va a votar? Y respondían: Por Liberación o por la Unidad ¿Y por qué va a votar por ellos? Y la respuesta más fuerte era: Porque la tradición de mi familia es votar por este partido.

Liberación Nacional fue fundado en 1951 como un partido socialdemócrata de centroizquierda y La Unidad Social Cristiana, después de una coalición, fue fundado oficialmente en 1983 como un partido con principios socialcristianos; y Democracia Cristiana de centroderecha.

Ambos partidos como los más tradicionales del país se basaban en principios humanistas y sociales, donde sus fundadores fueron unos de los creadores de Las Garantías Sociales en los años 40 y la Abolición del Ejércitoen el 48.

Veintitrés años después, aquel acto ilusionante de votar se quedó opacado por la corrupción y la mediocridad de partidos y políticos que se encargaron de hacer de la “democracia” un circo lleno de pantomimas y falsas esperanzas, dejando a un lado los principios y poniendo sus intereses de primero y no los del país.

Tal vez mi espíritu anarquista me llevaría a decir que esta democracia en la que habito no me invita ni seduce a soñar con un mejor futuro, y mucho menos a creer que mi voto es útil, por lo que si hiciera caso a esa vocecita revolucionaria tomaría la decisión de no votar.

Conforme los años se han ido sumando a mi vida y al involucrarme poco a poco en ambientes muy distintos a los que crecí, dejé de lado el creer que “ese tema no me importa”, a pasar a creer y hacer de mis caminos un ser político donde mis acciones, voz y voto valen y tienen que ser escuchadas. 

Esto me lleva a varias preguntas: 

¿De qué vale mi voto si el Estado hace y deshace a su antojo?

Cuando yo voto, ¿Qué estoy entregando a los políticos?

¿Realmente el voto es útil?

¿Al votar soy una persona libre o más bien les doy poder para que me roben la libertad?

Y bueno, podríamos hacernos muchas preguntas más y se me viene a la mente la frase de Emma Goldman: “Si votar cambiara algo, sería ilegal”

A ver, retrocedamos un poquito el tiempo y pensemos en las mujeres anarcofeministas que eran socialistas e iban en contra del voto femenino.

No nos alarmemos, realmente ellas tenían bases fuertes. Decían: “Si a los hombres el votar no les ha servido de nada y más bien los ha oprimido, ¿por qué pensamos que las mujeres queremos votar para tener una causa más de opresión?”.

Uno de los puntos de las anarcofeministas de 1931 era que las mujeres carecían en aquel momento de la suficiente preparación social y política como para votar responsablemente. Que estaban muy influenciadas por la Iglesia y su voto podía ir a parar a los partidos conservadores y el oportunismo político sería muy notable, además que había un alto grado de analfabetismo en las mujeres y habían sido eliminadas de los derechos políticos porque las leyes habían sido dictadas por hombres.

Y es interesante esa mirada, ya que no voy a negar que el derecho al voto ha sido un gran triunfo y avance para la historia y procesos de las mujeres, así que no puedo negar ese derecho y más bien lo aplaudo. Pero mi enfoque va por otro lado, y no sobre el derecho, sino sobre la opresión, manipulación y falsedad que hay detrás del voto.

Ahora, la mirada y posición de los anarquistas en general (hombres y mujeres) de esos años era muy realista al decir que “votar es una idiotez” ya que creían que: “votar por un  monarca absoluto, rey constitucional o simplemente presidente, el candidato que llevamos al trono, al gobierno o al parlamento siempre será nuestro señor y que son personas que colocamos «arriba» de todas las leyes, ya que son ellos que las hacen, cabiéndoles, además, a ellos mismos la tarea de verificar si están siendo obedecidas.”

Además, decían que “el poder ejerce una influencia enloquecedora sobre quien lo detenta y los parlamentos sólo diseminan la infelicidad”.

Entonces, ¿votar nos hace libres o nos hace esclavos?

¡Vaya dilema!

Y es que hoy en día hasta por un pedazo de pan hacen que vendamos nuestro voto, y no, no podemos culpar al pueblo al intercambiar su voto por comida, por un pequeño diario, por un puesto laboral, por unas medicinas o por unos cuantos pesos, porque la dificultad de la vida con sus necesidades hace que los políticos se aprovechen y ofrezcan cosas a cambio de un voto.  

Y esto no es de ahorita, la historia nos cuenta que hace más de 2500 años en Atenas, los políticos hicieron su primer trueque y hasta el día de hoy han venido perfeccionando esta forma rudimentaria de la compra de votos. 

No podemos generalizar que esto sucede en todos lados o con todas las personas. Normalmente, este intercambio se da en condiciones específicas y prospera en circunstancias de vulnerabilidad donde se escoge este camino por ambas partes, ya que los partidos políticos al no conseguir construir una marca que convenza a los votantes de que pueden confiar en sus promesas electorales, optan por “comprar” bajo cualquier forma sus votos.  

Una práctica ilegal ejercida bajo presión y muchas veces bajo amenazas, donde deberían existir leyes y consecuencias más fuertes a quienes las promueven. Por otro parte, y sin dejar la realidad existente, tal vez al proporcionar cambios en la cultura y en las mismas instituciones políticas, algún día se logre que la palabra pronunciada se cumpla y las promesas hechas no se las lleve el viento y así acabar como dijo alguien: con las ilegalidades que desvirtúan la voluntad popular.

Tal vez algún día vuelva a creer en el voto, hoy lo ejerzo como un derecho, más no como una opción que me ofrezca algún tipo de libertad.




miércoles, 3 de noviembre de 2021

 "Figuras de Luz"


Éramos y somos
Esas gentes
Y las cosas suceden
Nos damos una mano
Un beso
Un abrazo y
Si, creamos juntos
Y juntas, des-cubrimos
Conspiramos
Lo des-conocido se mira
Sin miedo
Sin prisa
Sin que el sol se apague
No fuimos, somos
La tierra se detuvo
El odio espera
Lo verdadero nace
Se mira
Se potencian
El rojo se enciende
La magia se teje
El encuentro se trans-forma
El miedo se hace sombra
Se inspira
Arden
La vida
El amor
La palabra que cura
La presencia que ilumina
La compañía que sana
Somos
Shir R.







viernes, 29 de octubre de 2021

Arte

Les comparto mi participación en la convocatoria de Arte postal: "Democracia y Arte en la Independencia", por el motivo del Bicentenario de Centroamérica.

Gracias a La Escuela de doña Olga por la convocatoria, y las postales se están exponiendo en la Escuela Casa del Artista para quien guste darse una vueltica



jueves, 28 de octubre de 2021

 Artículo publicado en La Clave Cuenca: https://www.laclavecuenca.com/2021/10/28/el-pecado-de-pensar-diferente/


El pecado de pensar diferente

Por: Shirley Ruiz
FSMET Col-Lat, Costa Rica

Ojalá desde niños nos dieran la libertad de pensar diferente, cosa muy distinta es que nos dejaran hacer lo que nos diera la gana, pero normalmente crecemos con una creencia impuesta, con gustos en la comida según lo que comen o gusta a nuestros padres y madres.

Nos visten no como uno desea, sino al gusto y criterio del adulto que nos compra la ropa, luego, entramos a la escuela y empezamos a recibir toda clase de información según la cultura, leyes del país o reglas de la institución y entonces, debemos adaptarnos a la forma de evaluación del sistema para ir pasando cada año de nivel con las notas según el reglamento.

Ingresamos al colegio y en cada inicio del periodo lectivo nos entregan un reglamento que va desde cómo usar el uniforme, hasta como debemos peinarnos.

Esto jocosamente me hace recordar a mi profesora de inglés, que algunas canas le debo haber sacado, ya que precisamente por lo que menos se preocupó era por enseñarnos a hablar o aprender bien el idioma, pero sí estaba súper pendiente de si llevábamos pulseras, anillos o algo fuera de lo que el reglamento decía para entonces hacernos una boleta de reprensión y quitarnos puntos del concepto de clase.

No vale mencionar cuantas boletas me hicieron en el colegio, pero sí recuerdo lo cansado de ese montón de reglas y que me hacen pensar ¿En verdad servían para algo o aportaron algo valioso a mi educación?

Tal vez muchos y muchas me dirán que ¡Sí!, que eso me enseñó disciplina, valores, respeto y otras características positivas a la manera de comportarme y dirigirme hacia los demás.

Y sí, no voy a negar que las reglas son necesarias, ¿Se imaginan un mundo sin reglas? Sería un caos total, pero precisamente no estoy hablando de reglas, sino en la manera de como desde pequeños nos encierran en cuatro paredes y básicamente nos limitan la creatividad y la forma en cómo podemos pensar sin sentir la culpa de que pensar diferente es pecado y tener que resignarnos a que lo normal es pensar como la mayoría.

Por otro lado, recuerdo a mi profesora de matemáticas que nos decía: “Preguntar es de inteligentes y quedarse con la duda es de idiotas”, y ella no nos dejaba salir de la clase sin haber entendido la materia y que por más ridícula que pareciera una pregunta, le daba a uno la confianza de expresarnos sin sentir miedo o vergüenza, (no hace falta contar cuanto amo las matemáticas y como estas, gracias a mi profesora fueron mis mejores materias en el colegio)

Me encanta una frase de Agatha Christie que dice: “Recuerde, es un pensamiento original y puede tener resultados valiosos”

Ahora bien, digamos que ya de adultos superamos el tema de tener que pensar todos y todas igual y que hoy en día gracias a las redes sociales y otros factores podemos sentir que tenemos una voz y algo que decir y que no necesariamente tenemos que estar de acuerdo con todo y todos.

Pero me atraen mucho ciertos temas como por ejemplo:

-El lenguaje inclusivo o inclusive

¿Qué pasa con los que sí están a favor y con los que no?

Hace unos días leía a ambos bandos: los que sí están a favor trataban a los demás de prehistóricos y falta de derechos y respeto, y los que no están a favor trataban de estúpidos y ridículos a los demás.

Y así podría mencionar muchos otros temas, y ojo, no estoy diciendo que no tomemos una posición radical o firme en lo que creemos o no creemos, lo que pienso es que estamos en tiempos donde todos y todas queremos tener la razón y básicamente si yo tengo la razón los demás están equivocados.

¿Y si yo soy la que estoy equivocada?

Pareciera que nos hemos hecho adictos a tener la razón y que estamos en una competencia y que gane el mejor.

Entonces, vamos por la vida creyendo que podemos hacer cambiar a los demás de cómo  piensan, y hasta termina siendo un tipo de enfermedad en la humanidad.

La historia nos muestra que querer tener la razón es una de las causas principales de enfrentamientos entre personas, países y religiones, llevándonos a guerras, muertes y toda clase de injusticias.

Y si bien, todos y todas tenemos derecho a decir lo que pensamos, ¿Por qué castigamos al que piensa diferente?

Estamos envueltos sin darnos cuenta en “verdades absolutas” según el criterio personal y nos aferramos a creer en esas verdades al punto de esforzarnos en convencer a los demás, y esto nos lleva a estados de frustración, enojo y apatía si no logro que el otro-otra termine pensando como yo, y así un criterio o una creencia acaban en un conflicto conmigo misma y con los demás.

El libre pensamiento es un logro humano, pero tener libertad de opinión y de expresión pareciera una desventaja cuando las posiciones mentales impiden abrirse a nuevas perspectivas o puntos de vista que no concuerdan con las propias.

Puede ser que estamos repitiendo comportamientos de cómo nos hicieron “a imagen y semejanza” de alguien más desde pequeños y ya adultos nos apegamos a los pensamientos y creencias que nos dominan sin cuestionarnos o sin que nos cuestionen queriendo obligar a los demás que “sean o piensen como yo”

El dicho popular: “Para gustos los colores”, nos ubica en una posición que no necesariamente debemos aprobar, adoptar o validar la forma de pensar de los demás pero que sí nos lleva a una forma empática de respeto hacia los demás donde la  diversidad se construye en el mundo cada día.

Es lógico que por ideologías, gustos, creencias y otras formas de como dirigimos nuestra vida nos conduce a no siempre estar de acuerdo, pero sí podemos pensar que muchas veces uno es el que piensa diferente y que eso nos ha llevado a ser discriminados, rechazados y excluidos como si pensar diferente fuera un pecado capital.