jueves, 25 de junio de 2026

 

Donde el fuego sana

Shir Ruiz

Una canción se eleva entre el humo y el viento despierta los cristales de la memoria. Nada muere; todo cambia de forma cuando el fuego pronuncia los nombres antiguos y las brasas sostienen la palabra que nuestros ancestros dejaron sembrada en la tierra.

Una copa de vino reposa entre las manos como una ofrenda. El tiempo no pasa: fermenta. Cada sorbo abre un sendero hacia quienes caminaron antes, hacia las abuelas que conocían el lenguaje de las plantas y los abuelos que conversaban con la montaña sin necesidad de pronunciar una sola palabra.

El silencio también canta. Habita la garganta antes de convertirse en rezo, en tambor, en respiración compartida alrededor del círculo donde nadie está por encima de nadie y cada presencia alimenta el mismo fuego.

Los capullos abren lentamente sus párpados y la lluvia danza sobre la piel de la noche. El humo acaricia los cuerpos como una bendición antigua; la leña cruje con la ternura de quien cuenta historias para que no sean olvidadas. La llama toca el rostro y recuerda que también somos barro, agua, ceniza y semilla.

Si una copa se rompe, la tierra recibe sus fragmentos. Si un corazón se quiebra, el círculo lo sostiene. Porque el ritual conoce la medicina de las manos unidas, del abrazo silencioso y de la solidaridad que nace cuando comprendemos que ninguna herida sana en soledad.

Las sombras no asustan; enseñan. En ellas crecen alas invisibles y los deseos dejan de ser urgencia para convertirse en intención. Cada chispa asciende llevando consigo aquello que estamos dispuestos a transformar. Cada llama consume el miedo y devuelve espacio para la esperanza.

Las flores secas conservan el perfume de otros ciclos. Las cenizas alimentan nuevos brotes. Nada termina cuando el fuego concluye su danza; apenas comienza otro modo de existir.

Entonces una voz atraviesa la noche. No pertenece a una sola persona, sino al coro de generaciones que aún respira entre los árboles, las piedras, los ríos y nuestros cuerpos. Sus palabras son dulces como el copal, profundas como la tierra húmeda y luminosas como el primer destello del amanecer.

El adiós se convierte en gratitud. El regreso deja de ser distancia para hacerse raíz. La vida vuelve a nacer una y otra vez en cada ceremonia donde honramos el fuego sin pretender dominarlo, donde recibimos la memoria con humildad y ofrecemos el corazón como la más sincera de las ofrendas.

Porque el fuego no solo arde: recuerda. Y quien entra en su círculo con respeto descubre que el alma también puede vestirse de llamas sin consumirse, iluminando el camino compartido de quienes siguen tejiendo, con amor y reverencia, la antigua trama de la vida.


     

viernes, 10 de diciembre de 2021

 https://www.laclavecuenca.com/2021/12/09/sanar-la-tierra-para-sanar-la-vida/

Sanar la tierra para sanar la vida


Las crisis y cambios climáticos, los virus, y otras manifestaciones son parte de los síntomas que demuestran la destrucción que ha provocado el ser humano y como consecuencia negativa las enfermedades se agravan provocando muertes y bajas calidades de vida.

Todo ser vivo tiene derechos y uno de ellos es la salud, así Nuestra Madre Tierra tiene el derecho de permanecer sana y es responsabilidad del ser humano cuidar la salud del agua, del suelo, del aire, de los animales y de la biodiversidad en general.

El ser humano debe reconocer que somos fruto y parte de millones de uniones que componen el cosmos y que no tejimos la trama de la vida, que Nuestra Madre, la naturaleza y toda criatura animal, estamos unidos, compartimos una misma matriz, tenemos una misma interconexión, una relación mutua que nos lleva a colaborarnos y tener un nexo de interdependencia los unos con los otros, por lo tanto, si Nuestra Madre Tierra se enferma, nosotros nos enfermamos y si Nuestra Madre Tierra está sana, nosotros tendremos salud.

Nuestra Madre Tierra al estar sana nos genera un espacio de vida, nos provee huertos que nos alimentan, nos da elementos que nos ayudan a una crianza habitable, fecunda y única para abrazar y albergar vida y comunidades fructíferas.

Debemos ubicarnos no como “Uno”, sino como “Nosotros” aprendiendo de los pueblos indígenas que proponen la ética del Buen vivir, la agroecología, la producción de alimentos, de saberes, de expresiones variadas que logran recuperar la salud de Nuestra Madre Tierra, expresiones como el arte, los movimientos sociales y las economías alternativas.

El viento, la luna, el sol, los animales, las estrellas y todo lo que habita en la tierra son parte de un todo, nuestros guías espirituales conviven y cohabitan de diferentes formas comunicándose con todo ser vivo mediante signos, símbolos, señales, sonidos y diferentes elementos que Nuestra Madre Tierra nos provee.

Nuestros pueblos indígenas originarios tienen la habilidad, creatividad y sensibilidad para leer, interpretar y comprender los mensajes que la Madre Tierra y la naturaleza emiten a través del sufrimiento o la alegría, ellos y ellas pueden sentir el maltrato causado por otros seres humanos por lo que su cosmovisión se forma y educa desde la concepción de la vida en el vientre de la madre y al nacer la comunidad donde habitan los educa con su cultura y les enseñan la importancia de las creencias, costumbres y tradiciones según el pueblo donde viven y así abarcan la forma de pensar y concebir el mundo y la relación con la naturaleza. 

Para nuestros pueblos originarios, La Madre Tierra realiza diferentes prácticas, rituales, ceremonias para entrar en armonía con los seres humanos, siendo ella el medio de restauración para recuperar el equilibrio y la fertilidad relacionada con todo ser vivo y todo lo que nos rodea.

María Florencia Giles  nos dice que “Es un desafío y una invitación a una nueva forma de análisis de la cuestión indígena, empezando por escuchar su voz y así lograr la “convergencia cultural”, posicionando a los aborígenes como los principales protagonistas de la historia teniendo en cuenta su concepción de la realidad, su cosmovisión y su lucha” 

El mundo indígena interpreta el Cosmos muy diferente a otras culturas no indígenas, por ejemplo: para algunas comunidades indígenas el cosmos se divide en tres dimensiones: el inframundo, el mundo de en medio y el mundo de arriba y esto nos lleva a una analogía con la visión occidental cristiana, y es por esto que para los pueblos indígenas es de vital importancia tener claro y enseñarle a las nuevas generaciones conceptos y términos como la cosmo-existencia, la cosmo-espiritualidad, la cosmo-visión, la cosmo-naturaleza para así desde la crianza se puedan crear vínculos amorosos y armónicos  que eviten el desequilibrio que puedan generar otros seres humanos a la Madre Tierra.

Todo desequilibrio que se genere tiene un impacto negativo en la vida de los seres vivos y esto se manifiesta en múltiples enfermedades y en desastres naturales que se salen de control por lo que la vida propia de la naturaleza envía diferentes señales creando una relación entre las creencias y saberes de los pueblos indígenas creando vínculos que a través de las concepciones y percepciones se restaure el bienestar y la salud de los cuerpos, los sentidos, el alma y la naturaleza.

Víctor Noreña, de la Comunidad Muisca dice que “Si recordamos nuestras raíces, tendremos un futuro mejor, una conciencia más clara sobre a qué vinimos y para dónde vamos”, por lo que es de vital importancia rescatar la sabiduría ancestral y no olvidar la conexión del hombre desde que nace con la conexión de la Madre Tierra.

La realidad es que es un error seguir creyendo que el ser humano va a cambiar, que una crisis nos hace tomar consciencia o que de un día para otro vamos a ser mejores, la realidad es que la Tierra y su continua fuerza regenerativa ha salido adelante por millones de años y ahora no es la excepción y una vez más de diferentes formas se va a recuperar de los daños causados por la humanidad, esto nos debería llevar a pensar y re-pensar nuestra función y tener un cambio de paradigmas para así estar en armonía y unidad con nuestra Madre Tierra.

Odilón de Jesús López, náyeri, expresa preocupado que “no han valorado que cuidar la naturaleza es para un bien de todos”

Lo que estamos viviendo como humanidad nos debe llevar a re-pensar y cuestionarnos nuestra forma de consumir, de cómo estamos utilizando nuestros recursos, qué estamos aportando y construyendo en sociedades de consumo desmedido, debemos reaprender, cambiar y mejorar para construir caminos mejores y posibles.

Debemos escuchar a nuestros pueblos indígenas para ser parte salvadora de nuestro planeta, mirar como ellos miran, escuchar sus voces, seguir sus ejemplos, reconocer a nuestro planeta como un lugar sagrado donde debemos ofrendar y dar las gracias por la calidad de vida que nos ofrece por habitarla.

Que se sienta que estamos luchando por la vida.








jueves, 25 de noviembre de 2021

 https://www.laclavecuenca.com/2021/11/25/25-de-noviembre-la-mujer-sin-miedo/

25 de noviembre: La mujer sin miedo

Por: Shirley Ruiz
FSMET Col-Lat, Costa Rica

Escribe Eduardo Galeano: La mujer sin miedo

“Hay criminales que proclaman tan campantes “la maté porque era mía”, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los súper machos tiene la valentía de confesar “la maté por miedo”, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.

Y es que de niñas nos pusieron coronas, vestidos de princesas, ropa en donde teníamos que cruzar nuestras piernas para que no se vieran nuestros calzones.

Nos dijeron tantas veces “que niña más linda“, mientras sin permiso nos tocaban nuestro cabello.

Nos mostraban películas que nos hacían soñar con el “príncipe azul” y a creer en el “felices para siempre”, aunque ese para “siempre” estuviera acompañado de golpes, infidelidades, desprecios, indiferencias.

Éramos princesitas asustadas, dependientes del primero que llegara y nos salvara.

No podíamos pensar en ser la “fea” del grupo, nos enseñaron a ser siempre guapas para los demás, a esperar a que nos solucionaran la vida y en pensar que solo a la par de una pareja seríamos completas y felices.

Nos enseñaron que la Otra era la competencia y amenaza y eso nos hizo odiarnos entre nosotras.

Crecimos y nos enseñaron a escondernos, a esconder nuestro cuerpo, nuestros actos, nuestros sentimientos.

Nos enseñaron a callar, a no decir lo que pensábamos por vergüenza de lo que pudieran decir, nos dijeron que lo que pensábamos era absurdo, ridículo, sucio.

Entonces nos escondimos de lo inoportuno, lo inapropiado, lo deseado, nos escondimos de la vergüenza ajena, de la mirada externa.

Nos enseñaron a vestir con los gustos de otros, no sea que pensaran que íbamos buscando gustar, destacar, ser admiradas, nos enseñaron la vergüenza al desnudarnos, no nos era permitido sentirnos cómodas con nuestro cuerpo y que luego quisiéramos enseñarlo sin miedo ni prejuicios.

Nos enseñaron a no reír a carcajadas fuertes, a no rascarnos una teta frente a los demás, a no preguntar lo que no entendíamos, nos enseñaron a no usar minifaldas, a usar sostén, porque una dama no puede salir sin sostén, no se puede ser escandalosa.

Nos enseñaron a pintarnos con tonos suaves, a salir siempre peinadas, a combinar la ropa con los zapatos y el bolso.

Pero los años pasaron, las experiencias dolorosas nos hicieron abrir nuestros ojos, nos hicieron no tener miedo y dijimos: pueden quedarse con nuestros vestidos de princesas, con nuestros espejos y nuestras coronas, pueden quedarse con nuestros complejos, con nuestros miedos, nuestros vacíos, pueden quedarse con nuestra vergüenza, pueden quedarse con todo lo impuesto.

Hoy celebramos a nuestra “sinvergüenza interna”, esa que no le importa salir a la calle pintada con labial rojo, esa que se anima a hablar, esa que hace campo para las botas, para los libros, las cervezas, esa que toma fotos y se deja fotografiar, esa que puede andar condones en el bolso, esa que cuenta sus propios cuentos en donde ella baila, corre, descansa, y se tira en el pasto para contemplar el cielo, esa que sueña y vive desastres y deseos, esa que no le teme al fracaso y empezar de nuevo, esa que tiene proyectos, esa que admira a sus amigas, esa que siente fuego, esa que sabe que para una caricia no ocupa una melena preciosa, esa que sabe que su cuerpo, su mente y sus palabras son la única arma para ser, vivir y sentir plenamente.

Hoy somos esas que sabemos que no hay nada de malo en la pluralidad de la belleza, que la “mujer perfecta” solo es un invento de quienes no les conviene que nos queramos.

Hemos aprendido  a ser bellas, a dejar de escondernos, de juzgarnos, aprendimos a ser libres, valientes, dueñas de nuestros pies, de nuestros cuerpos, de nuestras curvas, de nuestras palabras, de nuestros pensamientos.

Aprendimos a relacionarnos desde la libertad con nuestro interior y exterior, a sentirnos orgullosas y contentas frente al espejo, aprendimos a que nadie se puede meter con nuestro cuerpo, no tenemos tiempo para sentir vergüenza.

Estamos ocupadas viviendo, acompañando, amando, siendo peligrosas, a que no nos intimide la mirada ajena, a no tener que construirnos en función y deseos de otros, queremos ser mujeres raras, pueden quedarse con nuestro reino, que nosotras vamos por el  mundo entero siendo Mujeres sin miedo.





sábado, 20 de noviembre de 2021

 https://elcomejen.com/2021/11/19/limon-belleza-y-olvido/

Limón: belleza y olvido

Limón 

En ti se mira la belleza pintada 

de mil colores

Y por tus calles refugias el  

suspirar que teje el futuro 

y trae esperanzas a tu pueblo

En una conversación con mi amiga Mónica, que vive en Limón, Cahuita, le dije que yo no conocía la provincia de Limón y que normalmente pues una iba a turistear a otras partes de Costa Rica, porque las noticias se han encargado de enseñar a Limón como una de las provincias con más alta delincuencia y donde poco se muestra su belleza tanto geográfica como la de su gente.

Mónica, en su asombro, me dijo: ¡Limón es hermoso, tienen que venir a conocer!

Y así, después de 43 años en medio de una pandemia y con pocas libertades, alisté maletas y con mi hija emprendimos un viaje inolvidable de casi nueve horas en bus.

Costa Rica tiene siete provincias de las cuales Limón está al sur del país en la costa y es la zona caribeña de nuestro territorio.

Antes de que los españoles llegaran, estaba poblada por tribus indígenas de las cuales permanecen:  Talamanca Bribri, Talamanca Cabécar y Cabécar-La Estrella.

Cuando los españoles llegaron le pusieron por nombre “La huerta” por la variedad de su flora; después de dos siglos de abandono en 1870 se crea la Comarca de Limón y en 1871 se inician los trabajos de construcción del ferrocarril al Atlántico  que uniría a San José con Limón con el fin de facilitar las exportaciones a Europa del café costarricense. 

Un año después llegan los primeros inmigrantes jamaiquinos para trabajar en las obras del ferrocarril, aportando su lengua, cultura, religión y gastronomía. En 1890 acaba la construcción y Costa Rica se ve así unida por vez primera a su costa caribeña y al resto del mundo.

En Limón se encuentra uno de los principales puertos del país, situación que la ha puesto en ventajas y desventajas, porque como se dice a lo tico: “todos quieren llevarse una tajada de sus ganancias”, y eso hace que se empobrezca más el pueblo y la riqueza se quede en manos de la corrupción. 

Se dice que lo mejor de Limón es su gente, y es que cuando uno llega a tierra limonense no se percata de nada, todo transita con mayor normalidad, pero a la hora de adentrarse a su cultura, a su gastronomía y a sus costumbres es como cruzar a otro país sintiéndose uno parte de él, su belleza y su magia.

Al bajarnos del bus, nos encontramos con gente muy amable y muy alegre, el reggae se escucha por todos lados, el aroma de sus comidas se mezcla con el olor del mar y los colores rojo, amarillo y verde resaltan y embellecen sus calles.

No puede irse uno de Limón sin probar el rice and beans, o el pan bon.  Mónica, mi amiga, tiene pocos años de vivir en Limón y nos recibió en su casa con un platillo cien por ciento limonense y así dándonos la bienvenida a lo que sería un bello compartir y conocer.

Mi estadía fue en Cahuita, en la casa de Rennie, un extranjero que tiene 25 años de vivir en Costa Rica y en su lenguaje el “Pura vida” es parte de su cotidianeidad, y él dice: “Costa Rica, es mi patria y acá en Limón me entierran”. Él ama el barrio donde vive y les enseña a los chicos a surfear y hacer deporte para que no se involucren con las drogas, las pandillas o el narco que, como es bien sabido, por zona marítima va y viene. El Limón es un punto estratégico para los narcos.

El Parque Nacional Cahuita es un área natural protegida. Fue creado para proteger la flora y fauna, los arrecifes de coral y varios ecosistemas marinos. Es considerado una de las áreas de mayor belleza escénica del país por sus playas de arena blanca, su gran número de  cocoteros, su mar de color azul turquesa y su arrecife de coral, por lo que es un lugar que se mantiene muy limpio y bien cuidado. 

Para llegar a Cahuita hay que hacer un recorrido por el sur de la provincia y se pasa por Cieneguita. La gente dice que es el mismo barrio de toda la vida, con un lenguaje de tensión importante y con ciudadanos que hacen su vida cotidiana como si nada de esto existiera; las casas, en su mayoría, continúan siendo de madera pintada con los colores característicos de las casas limonenses, en un nivel más bajo que el de la calle, por lo que son propensas a inundarse.

Cabe resaltar que cuando hay temporales o algún huracán, Limón ha sido una de las zonas más afectadas tanto en infraestructura como económicamente.

El sur de la provincia tiene un contraste en las playas que van desde Puerto Viejo hasta Manzanillo, la paradoja es que estos contrastes, pareciera, han permitido que se mantenga la belleza escénica de sus playas y parques nacionales. 

En efecto, la inexistencia de grandes hoteles no solo permite que los lugareños desarrollen y se beneficien de la actividad quedándose las ganancias en el país, sino que el entorno natural no es deteriorado como sí lo ha sido en los lugares donde existen grandes desarrollos hoteleros.

Si uno quiere ir a bailar y encontrar un lugar un poco más de fiesta o hacer compras para llevarse un recuerdo del lugar, unos kilómetros más adelante está Puerto Viejo, entre otras hermosas playas del lugar.

Limón no se escapa a la crisis económica que está viviendo el país y entre malas administraciones y alcaldes corruptos, como es el caso de Néstor Mattis, quién fue reelegido teniendo cuentas pendientes con la justicia, se puso una vez más la camiseta del Partido Auténtico Limonense (PAL) y logró su reelección con el apoyo de un 7,2% del electorado, por lo que la situación económica de esta parte de la provincia no es suficiente para lograr que la mayoría de sus habitantes vivan mejor.

No podemos dejar de lado las iglesias, porque si algo no falta en Limón son iglesias. De cada dos o tres iglesias católicas se encuentra alguna otra iglesia de distintas denominaciones, por lo que la religión no queda exenta de su cultura, creencias y estilo de vida. 

Nelly Moraga, educadora y poeta limonense en su poema a la Isla Uvita (Limón) quien les enseña a sus estudiantes a amar su tierra y la belleza en la que viven, dice:

“Quiribrí: 

Desde la playa suspiré, 

resignada y envidié tu serenidad.

Esa noche en el Caribe admiré tu belleza 

y agradecida me marché.

En cuatro días que estuve allí pude hacerme un criterio propio, que difiere al que relatan los medios de comunicación. Me faltó mucho por conocer y quedo con una deuda grande ante un pueblo, que en medio del olvido me dejó maravillada y deseosa de volver a disfrutar de su cultura, costumbres, música, gastronomía, de un clima impredecible, de la exótica naturaleza tropical de la zona, de sus parques nacionales, senderos, montañas y playas recónditas y por supuesto de su gente, que como dije al principio: “Lo mejor de Limón, es su gente”.





miércoles, 17 de noviembre de 2021

 https://www.laclavecuenca.com/2021/11/11/alli-vienen/


"Allí vienen"

Bailan los ríos y las montañas

Se levanta el polvo en los pies que vienen desde lejos

Con sus huellas van sembrando paz

Y sus lenguas van labrando caminos

Hermanos y hermanas de la tierra que saben

tejer la palabra

Ellos y ellas le enseñan a los que no saben

Le recuerdan a los gobiernos las semillas

que crecen en sus manos para que nadie olvide

el fruto que germina en los valles y la pampa

Sus vientres van pariendo la vida

Sin armas llevan en sus cuerpos la sabiduría

de miles de guerras que han ganado sus ancestros

En sus trenzas está la libertad de sus espíritus nativos

y en el agua la fuerza que fluye la dulzura de la miel

No escuchan a los que gritan para silenciarlos

porque el gemir de los bosques ensordece la necedad

de los gobiernos que no saben de abrazos sin armas

Juntos y juntas se dan la mano y con sus ojos firmes

esperan cada amanecer para andar por el mundo

Las mujeres no se rinden, su danza voraz

acoge a los que temen el anochecer

Los hombres protestan apretando en sus puños

las injusticias que quieren encarcelarlos

Los jóvenes son la complicidad de miles de corazones

que vuelan atrevidos tocando sus guitarras

Los niños y niñas no se cansan y en la fuerza de sus

rodillas se pinta la ilusión del mañana

Allí vienen, con sus himnos defienden a nuestra Madre Tierra

Traen en sus brazos la hermandad de los pueblos

En sus rostros se refleja el gozo que brota desde las entrañas

Sus fuertes espaldas cargan la sangre de inocentes que baña la historia

Ellos y ellas huelen a café, brillan en las praderas

Allí están, callando los tristes recuerdos y con fervor

añoran volver a casa victoriosos

donde la guerra sea solo un canto para entonar





viernes, 12 de noviembre de 2021

 

El vicio permitido


El vaho me mira y me cierra un ojo

me cuenta que vive encerrado en la

música de un cristal, le sirvo

una copa de vino y

bebemos con las ansias

de no volver a llorar


Suelta una risa, de esas

donde sus ojos amans sin límites,

a mar abierto,

a un mundo sin palabras


Su sombra fugitiva me abraza 

y me roza con ternura

Es un blues que sin vergüenza alguna

gime cayendo sobre el cristal y

hace figuras sobre la neblina que

respira inmóvil en mi interior


Una copa más y mis manos

tocan el frío vidrio que sin agonizar,

deja caer gotas sobre mi alma en la

 inmensidad






viernes, 5 de noviembre de 2021

 

Nubarrones de palabras


Escribir: a pesar de la decencia, de las normas,
de la rectitud que nos dicen como ser,
dar un paso sin despegar el otro pie del suelo
y continuar sin cobardía, sin temor a la hoja en blanco
que me mira, que me habla, que se resiste a mis ideas.

Componer: hasta morir de sed, al borde de una orilla,
donde las victorias no hacen tregua con las derrotas,
y aferrarme, aferrarme a las letras,
a las que suspiran inmóviles la pasión triturada entre mis dedos.

Redactar: al lado de aquella vieja lámpara que no sabe leer ni alumbrar
y de noche como un dios antiguo me mira compasiva,
sin conocimiento ni perdón, pero desde sus entrañas se emociona
al sonido de las teclas y con su cuerpo inmortal se sienta a mi lado,
en silencio, en calma, en juego.

Y aquí, me invaden las palabras piadosas
como una diosa fértil, con rostro, con alma, con fuego.